Editorial Fantasma

¿Vos te irías a vivir a las Malvinas?

Quienes crecimos con Malvinas en el inconsciente colectivo como una guerra perdida que todavía sangra concebimos aquellas islas del Atlántico Sur como un lejano, inhóspito, frío y doloroso campo de batalla. Esa tierra significa para nosotros una causa nacional pero también un terreno desconocido.

– ¿Vos te irías a vivir a las Islas Malvinas? 

Es una pregunta que me gusta hacerle a mis amigos cuando nos juntamos a hablar de todo, vamos de un tema a otro, de lo que nos moviliza a algún chisme, de nuestras preocupaciones a polémicas interminables, ahí donde de repente todos me miran: ¿qué estás preguntando? Ya pusiste la conversación solemne. 

No.

Es la respuesta que más recibo y me atrevo a predecir que probablemente sea la primera respuesta que se le cruzó a la gran mayoría de quienes estén leyendo esto. Y, no pienso juzgarlos ni un poco… De hecho me parece la respuesta más lógica que podría dar una persona de menos de 40 años viviendo en la Ciudad de Buenos Aires, en la República Argentina, en el año 2021. 

Quienes crecimos con Malvinas en el inconsciente colectivo como una guerra perdida  que todavía sangra concebimos aquellas islas del Atlántico Sur como un lejano, inhóspito, frío y doloroso campo de batalla. Esa tierra significa para nosotros una causa nacional pero también un terreno desconocido. Nunca fuimos, no sabemos como son más que por lo que nos cuentan los libros, no hay un Malvinas antes de la guerra porque siempre hubo una guerra para nuestra memoria. Pero sabemos que es nuestra tierra, así crecimos, así lo sentimos, así lo levantamos y con ese principio irrevocable vivimos.

Queremos recuperar Malvinas, lo repetimos cada vez que la causa nos convoca, sabemos y estamos convencidos de que las Malvinas son argentinas, escribimos paredes, colgamos banderas, gritamos con efervescencia ante aquel que se atreva a cuestionarlo ante nosotros. A Malvinas volveremos, decimos… pero, ¿cuántas veces nos detuvimos a pensar qué vamos a hacer cuando recuperemos el ejercicio de nuestra soberanía sobre las islas?

La perdida perla austral

Sabemos que las Islas (en realidad es un archipiélago de 200 islas, siendo Gran Malvina e Isla Soledad, las más grandes) se encuentran a menos de 400 km de distancia del cabo San Juan, punto más cercano al continente, que tienen una superficie 11410 km2 en total y su capital, Puerto Argentino, se encuentra a 2310,36 km de distancia de Buenos Aires y a 671 km de Ushuaia. Más o menos como ir de Capital Federal a Córdoba.

Sabemos que en Malvinas hace frío y mucho frío y tal vez esa sea una de las causas que se traduce en no cuando pregunto si se irían a vivir a las Islas. Privilegios mode on. Pero además ese frío se traduce en lo que sabemos de Malvinas… Frío padecieron muchos de nuestros soldados durante la guerra. Así que esa característica es sinónimo del horror para nuestro inconsciente.

También sabemos que en Malvinas hay una población implantada, kelpers, descendientes de británicos que habitan el territorio desde la invasión de 1833, cuando el capitán John James Onslow llegó y en nombre del Reino Unido de Gran Bretaña tomó posesión usurpando el cargo de Jose Maria Pinedo, quien se encontraba al mando de las Islas.

La economía de las islas está ligada principalmente a la ganadería de ovejas, la pesca, el turismo y la exploración petrolera, así que las opciones no son muy variadas, pero al mismo tiempo no dejan de ser sumamente cruciales por, la que ya conocemos, importancia geopolítica de las Islas. Explicación más que suficiente para entender la ocupación ilegal de las islas por parte de los británicos aún en el siglo XXI y aún a costa de las resoluciones del comité de descolonización de las Naciones Unidas para el abordaje conjunto de una solución a la “disputa” (las comillas son mías) de soberanía.

Las comillas son mías porque no estamos disputando nada, porque no hay nada que discutir, las Malvinas son argentinas y todo el derecho internacional está de nuestro lado, lástima que no alcanza con tener razón, se necesita también de la fuerza política a nuestro favor.

En la actualidad hay aproximadamente 3000 kelpers viviendo en las islas, quienes conocen del tema dicen que la principal dificultad a la que se enfrenta la administración de las islas es el envejecimiento y el bajo crecimiento poblacional. Y sí, tampoco parece ser una idea muy atractiva de inmigración una isla en el extremo sur del Atlántico donde llueve la mitad del año, a 13 mil kilómetros de Inglaterra a criar ovejas y pescar.

Entonces, cuando se habla de la vía de solución pacífica para Malvinas, inexorablemente esto incluye la necesidad de pensar un proyecto de país que integre las Malvinas como territorio nacional. No es solo recuperar Malvinas, es pensar el futuro de nuestro país con una de las mayores extensiones de costa marítima del mundo y un mar que nos invita a involucrarnos a él… antes que sea tarde.

Si la Ciudad de Buenos Aires le da la espalda al Río de La Plata, Argentina entera se la da a su mar. Nuestro país no tiene solo una deuda en tanto volver a Malvinas, también la tiene con integrar a su pueblo en la discusión y en la conciencia de que miles de kilómetros de lecho submarino nos pertenecen, de que somos un país bioceánico y que aquellos recursos naturales al acecho de barcos pesqueros (lo más parecido a piratas hoy) nos necesitan. Y toda esa generación que sentimos la obligación moral de recordar con gloria y honor a los caídos y veteranos de la guerra también tenemos que tenerla de pensar qué queremos hacer con Malvinas, eso también es volver. 

Todo proceso de recuperar Malvinas tiene que incluir recuperar la historia de las islas. El proceso desmalvinizador posterior a la última dictadura militar incluyó, además del olvido y la vergüenza, encapsular toda la causa Malvinas como un triste episodio de un dictador alcohólico y delirante y en una dictadura que las usó en su propio interés, excluyendo de todo relato oficial qué pasó hasta 1982, quién fue el Gaucho Rivero, qué acciones tomo Argentina desde 1833 o sin más, la operación Cóndor durante el gobierno de Onganía, y que a pesar de la recuperación de la causa Malvinas en los años del kirchnerismo aún sigue pecando en reduccionismos, poniendo indignas etiquetas de víctimas y errores. Las Malvinas así, viven ahí, en el despojo y en la guerra, en el triste recuerdo de las muertes sin sentido.

Ningún suelo más querido 

Esta encuesta loca que ando haciendo por ahí no se me ocurrió a mi sola, ni soy la primera en escribir algo al respecto -por suerte-, para ahondar aún más en los desafíos que nos representan la integración de las islas a nuestro país, recomiendo leer el libro En quince días nos devuelven las islas de Federico Lorenz.

“…Los kelpers van dejando, de a poco, su pasado de ovejeros atrás, salvo cuando quieren probar su arraigo por generaciones en el archipiélago. Pero el capítulo de los setenta, cuando había vuelos semanales al Continente y maestras de español en las islas, e YPF, y Gas del Estado, calefones, 26 estufas y oficinas de LADE, se lo tienen bien calladito. Ahí, pienso, tenemos algo en común: con los setenta nosotros también nos hacemos los distraídos, aunque hablemos de ellos todo el tiempo. Y sin embargo, cuando murió Perón, hasta en Stanley hubo una misa por su alma. Sabemos ahora que, meses antes de su muerte, se había llegado a discutir con los británicos la posibilidad de la soberanía compartida. El General tuvo tiempo, mientras en el continente ponía el guiño a la izquierda y giraba a la derecha, de instruir a su canciller para que avanzara en las negociaciones. “Una vez que tengamos un pie en las Malvinas, no nos sacan más”, habría dicho. Y los británicos, por su parte, pensaban que Perón era el único que podría convencer a los argentinos de ceder en algo para no perder todo. Pero se murió antes, y pasó lo que pasó…”

Malvinas es una invitación constante a enfrentar muchas de las contradicciones con las que vivimos los argentinos, que entre todos los quilombos que tenemos, también tenemos a las Malvinas. Los argentinos tenemos problemas para cerrar las heridas, nos acompañan ahí dolorosas durante años porque no podemos ponernos de acuerdo en cómo cerrar esas grietas, nos sucede con la dictadura, nos sucede con los 70, nos sucede con nuestros atentados, y nos sucede acá también. Todavía no estamos de acuerdo en cómo nombrar la guerra, en cómo tratar a los sobrevivientes y así vamos generando deudas para cuando logremos madurar como sociedad, para cuando tengamos la valentía a enfrentarnos con nuestras contradicciones y echarnos a construir un proyecto de país que en sus fuertes y debilidades pueda pensar el futuro de las próximas generaciones. 

No sería digno de mi parte cerrar ningún escrito sobre Malvinas sin recordar con mi mayor gratitud, respeto y honor a los veteranos de Malvinas, a las mujeres que prestaron servicio durante la guerra, a la tripulación del ARA General Belgrano, a la 2.ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque de la Armada Argentina y a todos los héroes caídos en las islas defendiendo la patria en su extensión. 

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