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Israel-Palestina, o la serpiente que se muerde la cola

"Los sectores más radicales de cada bando, impulsados por el financiamiento de actores internacionales que los usan como peones de sus guerras subsidiarias, predominan en sus correspondientes arenas políticas y establecen una relación simbiótica mediante el enfrentamiento armado, por más que sus aparatos de propaganda afirmen lo contrario."

Por Camilo Rivera.

Frágil tregua de una guerra perpetua

En 1948, tras sufrir el holocausto, luchar contra el colonialismo británico, resistir la agresión de la población palestina y vencer a cinco países árabes, los judíos sionistas[1] lograron declarar la independencia de un Estado propio en Israel.

El Estado que construyeron fue, según su misma Declaración de Independencia, un estado judío. Posteriores leyes reafirmaron la naturaleza del Estado de Israel como el Estado nación del pueblo judío, estableciendo la autodeterminación de los judíos como objetivo primordial y el hebreo como única lengua oficial, entre otras normativas de carácter sionista.[2]

La naturaleza no secular del Estado de Israel inevitablemente trajo consigo tensiones sociales con las minorías no judías dentro de su territorio, mayormente árabes musulmanes que reivindican su identidad palestina. Las políticas de Estado aplicadas desde la independencia mantuvieron el estatus marginal de los palestinos hasta el presente. Según el Observatorio de Derechos Humanos, en todo el territorio israelí y en el territorio de la muy limitada Autoridad Nacional Palestina, el Estado de Israel privilegia siempre a los judíos israelíes y discrimina a las minorías palestinas en todos los aspectos de la vida cívica.

Las autoridades israelíes han desposeído, confinado y separado forzosamente a los palestinos en virtud de su identidad. Durante los últimos 54 años facilitaron el traslado de colonos judíos a territorios ocupados por palestinos y les han garantizado un estatus legal superior al de sus vecinos árabes, gozando así de mejores derechos civiles, acceso a la tierra, libertad de movimiento, construcción y residencia. De esta manera, el Estado de Israel lleva adelante un lento pero constante proceso de anexión unilateral de territorios palestinos que puede percibirse fácilmente si se consulta cualquier mapa desde 1948 hasta la actualidad.[3] 

Tras ganarle Jerusalén a Jordania en la Guerra de los Seis Días, en 1967, el Estado israelí promulgó leyes concernientes a la ciudad que continuaron el tratamiento desigual entre judíos y musulmanes. Estas leyes reconocieron el derecho de todos los propietarios judíos de viviendas expulsados por los conflictos bélicos de 1948 en adelante a volver a sus propiedades. Sin embargo, no le otorgaron el mismo derecho a los cientos de miles de musulmanes desplazados por idénticos motivos.[4]

Esta jurisprudencia discriminatoria fue la que estableció las bases del conflicto de mayo del 2021. Porque en virtud de esas leyes, un fallo de un tribunal israelí intimó este año a 40 familias del barrio predominantemente palestino de Sheij Yarrah a abandonar hogares que habitaron durante generaciones para garantizar el derecho al retorno a sus anteriores habitantes judíos.

No obstante, las familias palestinas habían ocupado esas viviendas tras haber sido expulsadas de otras zonas de Jerusalén a las que ahora no tienen derecho a volver. El fallo los dejaba sin hogar, lo que inflamó los ánimos de los palestinos de la ciudad. Tras conocerse el dictamen judicial y en coincidencia con los últimos días del Ramadán, se dieron crecientes enfrentamientos en la mezquita de Al Aqsa y en otras partes de la ciudad, entre palestinos que protestaban contra la activa campaña de discriminación por parte de las autoridades israelíes y las fuerzas de seguridad hebreas.

El conflicto terminó de escalar cuando el Movimiento de Resistencia Islámico (o Hamas[5]) emitió un ultimátum en donde advirtió que iba a intervenir militarmente si seguían reprimiendo palestinos en Jerusalén y en la mezquita Al Aqsa.

El desenlace de la situación fue el conocido; el último viernes del Ramadán la policía israelí entró por la fuerza a la mezquita e hirió a 300 palestinos con granadas de aturdimiento y balas de goma. Hamas incrementó el lanzamiento de cohetes en represalia desde el 10 de mayo. Las fuerzas armadas de Israel (o Tzahal[6]) contestaron con una masiva campaña de bombardeos a la Franja de Gaza, que terminó con un frágil alto el fuego promovido por Egipto y Estados Unidos el 21 de mayo de 2021. 232 palestinos y 12 israelíes resultaron muertos y 1900 palestinos y 335 israelíes heridos. La ya exigida infraestructura de la Franja de Gaza quedó prácticamente devastada, así como la posibilidad de una resolución pacífica del conflicto, si es que quedaba alguna.  

Lo nuevo

Esta nueva manifestación de este viejo enfrentamiento trajo consigo varias innovaciones en el campo militar, en donde Israel se erigió como claro vencedor. Las espectaculares imágenes del sistema antimisiles Cúpula de Hierro deteniendo la lluvia de misiles y los drones lanzados desde Gaza recorrieron el mundo y salvaron a la población del impacto del 90% de estas amenazas. Otro gran éxito se dio en un terreno menos publicitado, pero mucho más importante: la tecnología anti túnel.

En efecto, los túneles cavados por Hamas dentro de la Franja de Gaza y desde la Franja hacia territorio israelí resultaban un peligro mucho más serio que los cohetes, pues representaban una base de operaciones segura dentro de la Franja y facilitaban la infiltración de comandos palestinos en territorio israelí con el objetivo de atacar bases militares y capturar soldados y civiles hebreos.

Para impedir las incursiones a su territorio, los israelíes construyeron una barrera subterránea para bloquear los túneles, con sensores sísmicos que conformaron un complejo sistema de detección, cómputo, control y monitoreo. Este recurso les permitió no sólo acabar con los túneles de infiltración, sino realizar un adecuado mapeo de los túneles defensivos dentro de la Franja.

El golpe final para esta amenaza militar fue el anuncio, el 14 de mayo de 2021, de una intervención terrestre a la Franja por parte de la prensa oficial. Esto llevó a los militantes de Hamas a refugiarse en el entramado de túneles defensivos dentro de la Franja, que luego fueron atacados por bombas anti túnel lanzadas en una masiva operación de más de 160 aviones, en objetivos prefijados por el sistema de detección. El anuncio de la incursión terrestre había resultado falso, solo fue realizado para mejorar la eficacia del ataque y dejar a Hamas sin recursos con los que condicionar la posición israelí.[7]

De todas formas, la organización palestina continuó con el lanzamiento de cohetes hasta la declaración del alto al fuego, lo que le permitió declarar una supuesta victoria que más que nada demuestra su inquebrantable determinación a combatir a Israel a pesar de cualquier daño recibido.

El mito de origen

Mientras tanto, en Argentina, estos acontecimientos generan un interés casi sin comparación con ningún otro tema de política internacional. Son muchas las discusiones que se entablan, en ámbitos que exceden a los de la universidad, la militancia política y las redes sociales. Estos duelos de opinión tienden a apoyar vehementemente a Israel o a Hamas y suelen girar en torno a tres aspectos principales: el mito de origen, el terrorismo y el sufrimiento de los oprimidos.

Si bien estos tres argumentos resultan anclajes retóricos prácticos y están en sintonía con la cobertura periodística de los medios argentinos, los tres son cuestionables respecto a la utilidad que pueden llegar a tener para una comprensión más acabada del conflicto.

El mito de origen, por ejemplo, consta en demostrar qué población estaba allí primero para luego otorgarle legitimidad a sus actos. Este argumento tiene innumerables ramificaciones, según quién argumente a favor o en contra de determinado grupo étnico. Las discusiones giran alrededor de si la federación de las cinco ciudades de Filistea puede ser considerada como un Estado, a qué cronología atenerse cuando se habla del Reino de Israel[8] y otros debates arqueológico-etnográficos que carecen de relevancia alguna.

Las poblaciones humanas se desplazan permanentemente, de manera voluntaria o por la fuerza. Y la mayoría de los países tienen minorías étnicas, ya sea de poblaciones que anteriormente se encontraban en el territorio y fueron desplazadas por la población actualmente mayoritaria, o de poblaciones que fueron desplazadas por otros acontecimientos y recalaron en su nuevo país huésped.

Si bien es frecuente encontrar tensiones interétnicas, es bastante raro que escalen al punto de atentados suicidas en ómnibus de pasajeros, cohetes y campañas de supresión aéreas con bombas anti túnel. Esto no tiene que ver con qué población haya llegado primero a qué tierra, sino más bien con los mecanismos de integración de estas poblaciones al Estado que las contiene. Es por ello que en Argentina no tenemos un movimiento colla que reclame de manera violenta la independencia de Jujuy y a pesar de los sueños húmedos de algunos políticos muy vinculados con la inteligencia vernácula[9] tampoco se disputa el monopolio de la fuerza de nuestro Estado en la Patagonia.

El hecho de que haya una población desplazada por otra no es motivo ni condición suficiente para producir un enfrentamiento armado, en muchos de estos casos ni siquiera existe una reivindicación territorial. Sí deben existir otros factores que estimulen estos reclamos que, como ya se mencionó, se dan en Estados como el israelí.  La misma existencia de estos factores es la que hace irrelevante la discusión de quién estaba primero, de si hay continuidad poblacional que legitime el reclamo, cómo interpretar los datados de carbono de yacimientos arqueológicos, etc. 

El terrorismo

Un argumento que resulta un poco más sostenible es el rechazo al terrorismo. Este es el más utilizado por los que apoyan el accionar del Estado de Israel en la Franja de Gaza. Es un argumento simple; si los palestinos lanzan cohetes cometen actos de terrorismo y al terrorismo hay que castigarlo por todos los medios necesarios, así que lo que hace Israel está bien.

Sin embargo, no es un argumento que se sostenga históricamente, puesto que el pasado nos enseña que el Estado de Israel se construyó con métodos que incluyeron al terrorismo como herramienta de lucha. Numerosos actos terroristas fueron realizados contra el Mandato Británico de Palestina para lograr la retirada de los soldados ingleses. Quizá el más famoso sea el atentado contra el hotel Rey David, en julio de 1946, que terminó con la vida de 92 personas, de las cuales 16 eran judías.[10]

Las organizaciones terroristas encargadas de estos actos también aplicaron terror en la población palestina, poniendo bombas en cafeterías, estaciones de autobuses, mercados y en otros sitios frecuentados por los palestinos.[11] Se podría argumentar que estos actos fueron en su mayoría represalias por actos igualmente terroristas perpetrados contra los judíos. Que en realidad eran formas de proteger a la población judía, haciendo entender a sus enemigos que cada acto en su contra tendría consecuencias. También se podría decir que los actos terroristas de estas organizaciones eran parte de la lucha para lograr un territorio propio sobre el cual construir un Estado libre de opresión, en el cual la población se sintiera segura y pudiera prosperar.

Lo mismo puede decirse de Hamas y de su actual lucha contra el Estado de Israel. Apoyar la campaña de Israel contra Hamas y negar legitimidad alguna a los reclamos de la población palestina porque parte de ella apoya a organizaciones paramilitares que practican actos terroristas resiste pobremente el más leve repaso de la historia de la región. 

Vale aclarar que no se disputa el derecho a los israelíes a defenderse, ni tampoco se niega la naturaleza terrorista de los ataques de Hamas, sólo se intenta remarcar que el uso de terrorismo no es un criterio objetivo de descalificación aplicable para ninguno de los actores de la región.

El sufrimiento de los oprimidos

El otro núcleo argumental resulta de la empatía existente con el sufrimiento del pueblo palestino y el razonamiento es igualmente simple: el pueblo palestino sufre constantes abusos por parte de las autoridades israelíes, por lo ende el accionar de Hamas es legítimo y tenemos que apoyar su lucha por la libertad y la autodeterminación del pueblo palestino.

Ya se describió la estructura institucional de discriminación contra la población palestina por parte del Estado de Israel. Esta discriminación se manifiesta en el accionar diario de las instituciones israelíes. Según Amnistía Internacional, las autoridades israelíes llevan a cabo desalojos forzosos y demoliciones de hogares palestinos con la excusa de que no tienen los permisos necesarios, a la vez que niegan esos permisos de construcción a los palestinos y se los garantizan a los israelíes.

La policía israelí aplica un uso excesivo de la fuerza, se embarca en detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y restringe la libertad de movimiento de los palestinos, detiene arbitrariamente, maltrata y tortura palestinos. La Tzahal bloquea ilegalmente por aire, tierra y mar a la Franja de Gaza y encarcela a los miembros de sus filas que protestan por el maltrato al que son sometidos los palestinos, etc.[12] El informe es largo, se puede consultar en las citas al pie de página, la idea está bastante clara.

Sin embargo, circunscribir el sufrimiento sólo al pueblo palestino es un tanto falaz. ¿Los israelíes se divierten con la incertidumbre de morir bajo las esquirlas de un cohete? ¿Es necesario recordar los ataques a cuchillazos? ¿la campaña de atentados suicidas contra objetivos civiles? ¿nos olvidamos de Samir Kuntar[13]? Medir quién sufre más no quita que sean los dos pueblos los que sufran. Asimismo, la diferencia en el nivel de opresión, muerte y violencia que produce tanto sufrimiento en el lado palestino ¿se da por una instancia moral superior por parte de los militantes árabes? ¿O simplemente responde a una discrepancia en las capacidades materiales para causar daño?

Como botón de muestra se podría citar la toma del poder de Hamás en la batalla de Gaza en 2007. En dicha batalla, los militantes de Hamas y Fatah[14] se enfrentaron dentro de hospitales, mataron a civiles no involucrados en la lucha, ejecutaron a prisioneros y violaron los principios humanitarios más básicos y fundamentales.[15] Si así se tratan entre palestinos, ¿qué podría esperarse en el caso de que Hamas lograra una victoria contra su enemigo sionista?

Los criterios de empatía con el sufrimiento de determinado bando, así como el del combate contra el terrorismo no son fundamentos fuertes para apoyar a alguna de las facciones enfrentadas. Tampoco colaboran con una comprensión más acabada de la situación actual y de sus responsables.

Esquivar la propaganda, identificar responsables

Hasta aquí, se ha descrito un drama sin responsables. El Estado de Israel discrimina institucionalmente a la minoría palestina a favor de los judíos e instaura un régimen similar al apartheid sudafricano, con las consecuentes tensiones sociales. Pero los judíos sionistas no son los colonos holandeses o los imperialistas británicos que invadieron Sudáfrica y desplazaron a la población aborigen. El sionismo surgió por milenios de persecución, discriminación y martirio, desde el Cautiverio en Babilonia al Holocausto, pasando por las guerras judeo romanas y los pogromos. Genocidio, violencia e impiedad se han desatado sobre los judíos desde tiempos inmemoriales. ¿Es posible responsabilizarlos por la construcción de un Estado excluyente?

¿Y los palestinos? ¿Son responsables de recurrir a la violencia cuando no tienen otros mecanismos para defenderse ante la discriminación que sufren por parte del Estado de Israel? Hamas ciertamente recurre al terrorismo, pero si los palestinos tuvieran aviones F 35, ¿cavarían túneles y lanzarían cohetes?[16] 

Encarar el conflicto palestino-israelí desde quién sufre más, quién llegó primero, o quién es más o menos terrorista resulta inconducente. Pero esto no quiere decir que no existan responsabilidades en el drama que viven los dos pueblos. Más aún, los que se benefician con el conflicto usan estos argumentos como parte de sus aparatos de propaganda, con los cuales buscan legitimar la necesidad de un enfrentamiento armado.

Estos responsables existen y están a ambos lados del enfrentamiento étnico. Son una clique de señores de la guerra que se alimentan de la sangre de los dos pueblos que dicen representar, respaldados por actores internacionales que buscan legitimidad y libran guerras subsidiarias en la tierra de palestinos e israelíes.

Por el lado palestino, desde la Nakba en adelante, la resistencia buscó aliados en la comunidad internacional. Esto creó una simbiosis en donde los palestinos recibieron la asistencia financiera, táctica e incluso territorial necesaria para mantener viva su lucha. A cambio, sus sponsors se beneficiaron tanto con la legitimidad de ser guardianes de una reivindicación compartida por todo el mundo árabe (y muy popular en el mundo entero) como con un recurso para mantener condicionada la expansión de Israel.

La Unión Soviética, Siria, Libia, Túnez, Sudán y Jordania fueron algunos países que se prestaron a ese intercambio. Hoy los principales respaldos internacionales de Hamas son Qatar, Turquía e Irán (este último en menor medida).

Así, este tejido de relaciones internacionales pasó a condicionar la disposición de las organizaciones político militares palestinas a continuar el combate con Israel. Esto favorece aún hoy a las facciones más intransigentes ya que, si alguna facción palestina acepta el derecho a Israel a existir, deja de ser atractiva para el concierto de actores internacionales dispuestos a financiar a la resistencia a cambio de mantener a raya al Estado de Israel mediante un conflicto subsidiario. Cualquier facción palestina que busque la paz perderá este financiamiento y será eventualmente fagocitada por rivales más radicales, tal como sucedió con Fatah y Hamas tras los acuerdos de Oslo. Lo mismo puede sucederle a Hamas con la Yihad Islámica si abandona su instancia intransigente. 

En Israel se repite el mismo fenómeno; la asistencia financiera estadounidense condiciona la resolución del conflicto con la enorme influencia que ejerce en la política de ese país.

En efecto, Israel es el mayor receptor de asistencia estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Los dos países comparten los mismos objetivos estratégicos en Medio Oriente, poseen un compromiso compartido con los valores democráticos y mantienen lazos de cooperación histórica desde la declaración de la independencia israelí. Hasta el día de la fecha Estados Unidos ha provisto a Israel con 146 mil millones de dólares de asistencia bilateral, la mayor parte en forma de asistencia militar.[17]

Estados Unidos también comparte con Israel tecnología de punta como la del avión F-35 y financia proyectos de desarrollo militar como la Cúpula de Hierro y la pared subterránea anti túnel alrededor de Gaza, fundamentales para la seguridad del estado hebreo.[18] No es que Israel precise de este financiamiento, pero la ayuda recibida permite apalancar su sector de tecnología de punta, produciendo un efecto derrame en el resto de su economía.[19]

Desde 1967, la industria militar israelí se expandió rápidamente en varios rubros, a la par del peso de la representación de los militares dentro del sistema político, administrativo y financiero. Gracias a la asistencia financiera estadounidense y a las múltiples amenazas a las que se enfrentó Israel desde su creación, se constituyó un significativo complejo militar industrial con una influencia determinante en el proceso nacional de toma de decisiones, no ya sólo las referidas a la seguridad interna y externa, sino al rumbo social y moral de la sociedad, a la estructura y desarrollo de la industria nacional y a las relaciones internacionales de Israel. [20]

Todo este complejo está compuesto por la Tzahal, las agencias de inteligencia (como el Mossad), el ministerio de Defensa, el entramado de industrias estatales y privadas dedicadas a la defensa, los representantes políticos de estos intereses en Israel y las agencias de lobby en el extranjero, como el Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos e Israel (o AIPAC, por su sigla en Inglés).

La razón de ser de este entramado político, económico e institucional es la defensa del Estado de Israel de sus amenazas militares.[21] Con la firma de tratados de paz y los avances diplomáticos con los principales países de la región y con Siria e Irak sumidos en los devastadores efectos de una guerra civil que todavía no termina, la única hipótesis de conflicto real que le queda a Israel es Irán y las organizaciones político militares del Líbano y la Franja de Gaza. Frente a un menú acotado de amenazas externas, la política israelí debe desarrollar posturas cada vez más nacionalistas y militaristas que mantengan la tensión regional y justifiquen el sostenimiento de su complejo militar industrial y la necesidad de asistencia estadounidense que lubrica todo su funcionamiento.

De esta manera, la existencia del conflicto en Gaza justifica la asistencia militar estadounidense. Esta asistencia potencia el complejo militar industrial israelí y con ello, aumenta la influencia de sus representantes en el sistema político e institucional. Estos, a la vez, pertenecen a los sectores más nacionalistas y militaristas del espectro político, que son los que perpetúan el conflicto con los palestinos al adoptar medidas cada vez más nacionalistas y excluyentes.

La serpiente se muerde la cola

Estas facciones radicales transversales a la dicotomía palestino-israelí coinciden, para sorpresa de nadie, en mucho más que su interés en mantener vivo el enfrentamiento militar. En efecto, el surgimiento de Hamas tuvo mucho que ver con el financiamiento y el apoyo israelí, tras la victoria hebrea en la Guerra de los Seis días.[22]

Los funcionarios israelíes que controlaron la Franja tras la retirada egipcia autorizaron, fomentaron y financiaron el movimiento islamista del que surgiría Hamas, como forma de contrapesar la hegemonía de la OLP, y dentro de ella, de Fatah, agrupación secular y socialista opuesta al fundamentalismo islámico.  [23]

Hamas, de hecho, sigue cumpliendo con los objetivos que motivaron el apoyo inicial de la inteligencia israelí, puesto que la agrupación sigue condicionando y debilitando la posición de Fatah. Esta organización, que controla los disminuidos territorios de la Autoridad Nacional Palestina, es la única que reconoce el derecho del Estado de Israel a existir.

De esta manera, en un juego goethiano de afinidades electivas, los sectores más radicales de cada bando, impulsados por el financiamiento de actores internacionales que los usan como peones de sus guerras subsidiarias, predominan en sus correspondientes arenas políticas y establecen una relación simbiótica mediante el enfrentamiento armado, por más que sus aparatos de propaganda afirmen lo contrario.

Hasta que dejen de existir los intereses que llevan a poderosos actores internacionales a financiar a estos sectores, no hay nada que podamos hacer al respecto. Pero por lo menos podemos revisar nuestras posiciones, aunque sea tan solo para no ser funcionales a aquellos que impiden la llegada de la paz y el sosiego de estos pueblos castigados.


[1] Ideología y movimiento político nacionalista que propuso el establecimiento de un Estado para el pueblo judío, preferentemente en la antigua Tierra de Israel (Eretz Israel). No todos los judíos son sionistas, ni todos los sionistas son judíos.

[2] https://elpais.com/internacional/2018/07/19/actualidad/1531973268_687632.html

[3] https://www.hrw.org/report/2021/04/27/threshold-crossed/israeli-authorities-and-crimes-apartheid-and-persecution

[4] https://www.theguardian.com/world/2008/nov/10/israelandthepalestinians

[5] Acrónimo de Harakat al Muqawama al Islamiya (sus siglas también significan “fervor” en árabe).

[6] Acrónimo de Tsva ha-Hagana le-Yisra´el.

[7] https://www.washingtonpost.com/world/2021/05/14/gaza-tunnels-hamas-israel/

[8] Amihai Mazar, “The Debate over the Chronology of the Iron Age in the Southern Levant” in (eds. Lvy & Higman) The Bible and Radiocarbon Dating: Archaeology, Text, and Science (2005), pp. 15–30

[9] Eissa, Sergio (2017) “Construyendo al enemigo: la securitización del reclamo mapuche (agosto-diciembre de 2017)”, en Perspectivas, Revistas de Ciencias Sociales International Relations Año 3, Nº 5 Enero – Junio 2018. Universidad de Rosario. pág. 35-61

[10] Taylor, Robert (2002). The History of Terrorism. Lucent Terrorism Library. Lucent Books. pág. 43.

[11] https://www.haaretz.com/opinion/.premium-hamas-and-the-irgun-how-dare-i-compare-the-two-1.5378098

[12] https://www.amnesty.org/en/countries/middle-east-and-north-africa/israel-and-occupied-palestinian-territories/report-israel-and-occupied-palestinian-territories/

[13] https://en.wikipedia.org/wiki/Samir_Kuntar

[14] Organización político militar fundada por Yasser Arafat, que hasta 2007 gobernaba Cisjordania y la Franja de Gaza. Esta organización es la principal en la alianza que conforma la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).  

[15] https://www.hrw.org/news/2007/06/12/gaza-armed-palestinian-groups-commit-grave-crimes

[16] Paráfrasis de Ben H´Midi, personaje de “La batalla de Argel” de Gillo Pontecorvo.

[17] Jeremy M. Sharp (2020) U.S. Foreign Aid to Israel, Congressional Research Service report, https://fas.org/sgp/crs/mideast/RL33222.pdf

[18] Jeremy M. Sharp (2020) U.S. Foreign Aid to Israel, Congressional Research Service report https://fas.org/sgp/crs/mideast/RL33222.pdf

[19] https://www.aljazeera.com/news/2021/5/18/short-answer-why-is-the-united-states-so-pro-israel

[20] Alex Mintz (1983) The military‐industrial complex: The Israeli case, Journal of Strategic Studies, 6:3, 103-127. Pág. 105

[21] Alex Mintz (1983) The military‐industrial complex: The Israeli case, Journal of Strategic Studies, 6:3, 103-127. Pág. 107

[22] https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2014/07/30/how-israel-helped-create-hamas/

[23] Filiu, Jean Pierre: Les fondements historiques du Hamas à Gaza (1946-1987). Vingtième Siècle. Revue d’histoire, No. 115 (juillet-septembre 2012), Sciences Po University Press pág. 12

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